dimarts, 9 / octubre / 2007

De los hilos de cada marioneta.



Los estudiosos son pocos y los documentos tantos, que investigar de donde procede el material casi inapreciable que compone los filamentos de cada marioneta se convierte en una titánica tarea, en un trabajo complejo y tedioso, pues las hebras de cada títere y más aun cada hebra de cada articulación, parecen poseer una voluntad propia y su composición se diluye si son separadas de alguna manera de su portador y lo que es peor todavía, el sujeto puede sufrir irreparables parálisis en esa zona específica de su cuerpo que tal vez jamás pueda volver a recuperarse de semejante trauma.

Por eso, el Comité, un grupo de arrugas, dientes blandos y cejas característicamente intuitivas, unidas bajo la apariencia de algo todavía parecido a un humanoide y multiplicado detrás de muchas lentes parejas, se unió antes que el primero de los granos de arena del reloj eternidad cayera estrepitosamente contra el fondo de cristal y diera comienzo la era de lo existente y poco después a la primera de todas nuestras copias talladas en madera.

Planes dentro de los planes y atestados dentro de los atestados, cuchicheos en los cuchicheos y susurros en los susurros, informes dentro de los informes y crucigramas en los crucigramas, cosa que complicó de manera infinitesimal que ninguno de los códigos que utilizaba cada miembro del Comité con su colega inmediato (o sea el que le quedaba a la izquierda, porque esta era la manera correcta de que fluyera la información entre los allegados del cónclave) fuera jamás descubierto, ni traducido por otro que no perteneciera a tan opaca sociedad.

Asi llegaron a grandes conclusiones para obtener a toda costa datos sobre el origen de los hilos, de donde aparecían una vez el luthier amontonaba a las marionetas en su almacén, unos decidieron apostar porque los hilos eran una causa natural, que provenían de haces de luz que al cruzar las hojas del árbol original en el que gestaba el luthier todas sus creaciones y del que tallaba todas las marionetas, se convertían en las doradas cadenas y era mediante estos por los que la marioneta era golpeada por la vida, atravesada de parte a parte por la corriente vital.

Pero claro, nadie se puso nunca de acuerdo de la longitud exacta de los hilos, ni de que había más allá donde la vista dolía de mirar hacia el cielo y los ojos lloraban incesantemente por encontrarse con la luz (algunos creían que esto era porque los hilos buscaban materializarse en todo y al contactar con el ojo abierto, ahi era donde se enganchaban y era por esto que molestaba tanto la observación sin unos cristales especiales que estaban todavía en experimental desarrollo).

Otros pensaron, pensaron mucho, y pensando pensando se fueron volviendo estanterías llenas de información, de las que sus compañeros aprovechaban hasta la última gota de sabiduría, otros se convertían en fuentes y algunos, los menos, en cómodos sillones cantarines que iban vertiendo el conocimiento en aquellos que deseaban descansar un rato de sus complicadas tergiversaciones del mundo mediante sus articuladas teorías.

Una de las partes del Comité, la que se podría denominar del segundo cuarto (pues si imaginamos el Comité como un encuentro circular de acartonadas sombras y dividimos desde el cénit, que siempre quedaba orientado al árbol original, en cuatro mitades perfectas como las de una pastel; teniendo en cuenta el error porque siempre alguno de los seniles componentes se quedaba dormido fuera de su sitio; era pues la segunda de ellas, una segunda cuarta parte algo malintencionada como podreís comprobar una vez termine este paréntesis).

Como decía antes de la pausa, el segundo cuarto se había pasado mucho tiempo persiguiendo a las marionetas mediante la estrategia de detrás, esta consistía en ponerse siempre a las espaldas de la marioneta y siempre imitar sus movimientos para que nunca fueran descubiertos en un giro inesperado o en un movimiento involuntario que conllevara un choque, las estudiantiles reliquias habían llegado tras muchas tentativas a desarrollar un séptimo sentido que les permitía moverse sin pensar y evitar en todo momento ser detectados y en caso que algo de todo esto fallara, su forma parecida en origen a un mueble, les permitía pasar desapercibidos con solo quedarse quietos cerca de algún mueble verdadero, al que un observador avispado podía extraer algunas nuevas volutas o un extraño aplique que jamás estuvo ahi, pero que normalmente concebía como una falta de atención previa y que el descubrimiento no era más que algo causa de su poco interés.

Pero este sistema de observación hacía difícil rellenar cuadernos de campo, sacar esbozos al momento, o incluso limar alguna de las hebras para justo al instante, antes de desvanecerse, someterla a todas las pruebas químicas y físicas necesarias, cosa que se intentó solucionar con esta técnica mejorada, asi una hilera de agregados al Comité se iba pasando rápidamente a las espaldas del sujeto a estudiar las pequeñas virutas cortadas de la cadena y las iba estudiando a la velocidad del rayo mientras la marioneta apenas notaba una ligera molestia que siempre pensó que tenía que ver con alguna mala postura durante el sueño.

Así que el segundo cuarto llegó a la conclusión de que necesitaba obtener pedazos más grandes de los hilos, para su estudio en profundidad. Entonces, un día, se reorganizó el segundo cuarto en el Pequeño Aquí Nombrado Así Comité de Estudiados Accidentes o PANACEA, mediante el cuál se planeaban al detalle posibles errores en las acciones de las marionetas y se forzaba mediante la acción de varios componentes de PANACEA que un golpe o una caída fueran origen de las parálisis que en el fondo provenían de un corte certero en uno de los hilos.

El equipo corría entonces hasta el cónclave y cada hilo daba una vuelta entera en círculo, asi todos los departamentos podían aunque fuera por un breve período, tener entre las manos el material que parecía imposible de conseguir durante la eternidad previa a ese momento, a veces la emoción que embargaba a los miembros del Comité les hacía perder el tiempo observando la maravillosa configuración de la cadena, así, cada vez hacía falta coger más hilos porque cada uno quería extinguir todas las posibilidades de su estudio.

Los únicos que sufrieron en silencio este tormento fueron los títeres que comenzaron a descubrir la aparición de extrañas enfermedades inmovilizadoras que parecían no tener causa ni posible cura.

Así, el Comité se volvió poco a poco una sociedad mucho más cerrada, sus estudios dejaron de lado la búsqueda del origen de los hilos y se dedicaron a investigar los posibles conservantes para que no desaparecieran de entre sus dedos y les dejaran los ojos envenenados de belleza, y así, durante otra porción de eternidad, nadie volvió a preguntarse nunca por el origen de aquella extraña material inmaterialidad que sufragaba cada movimiento del mundo.