
Uno se adivina cansado al mirar atrás.
Cuando súbita la distancia entre él y su origen toma forma en la mente.
Como quien mira atento el film de una película, antes de realizar ningún corte, ningún montaje previo.
Y parece infinito el metraje que va desenvolviendo, hasta casi sepultarse bajo la opacidad de las imágenes.
Uno se siente abatido, comprimido, empequeñecido, tal vez por esa conciencia de cada paso.
Imagina la capacidad de ver todo tu trayecto como una sola imagen fija, toda la materia en movimiento, una imagen superpuesta a la siguiente y a la otra y a otra más.
Como un solo cuerpo de gusano sobre el espacio.
Imagina ahora, que algo superior a ti, más anciano que tú, que cualquiera, ya ha tenido esta idea.
Imagina que él es en realidad este gusano, que todos los movimientos posibles ya se han dado sobre el mundo y que su forma infinitamente multiplicada cubre la superficie de la tierra como una segunda piel.
Imagina que este ser es plenamente consciente de todo, de todo el antes y el después, que su facultad es expandirse en el tiempo, adelante y atrás sin un límite.
Sus ojos, de tener algunos, habrían absorbido todas las imágenes de todos los seres, y gracias a él perduran en una memoria que también perdura en la infinitud de este ser absorto, anudado a cada instante como un inseparable parásito.
Piensa que esta criatura (por denominarlo de algún modo) conoce tanto, que no es posible abarcarlo por la totalidad de las mentes de los hombres existidos desde la primera conciencia, ni siquiera por la suma de la pluralidad de los cerebros de cada vida, ni de la completitud de aquello capacitado para contener memoria.
Y dime entonces, si comprendes el destino que aguarda a un profético nacido.
Si no es inevitable la desaparición descompuesta de los fetos asfixiados en sus cunas.
Si los vientres de las madres no están previamente oscultados y una dentellada fría no espera justo el momento del nacer para acabar con la posibilidad del tumulto causado por un salvador.
Dime, hombre mantenido en estricto formol de sociedad y ocio.
Dime de tu previo misterio constituído por resortes articulados desde el fondo.
Como hilos eternos tejidos en un pasado que te causa.
Que te compenetran con esta trama repleta de conspiraciones.
Esta lenta caricia que acompaña tu primer llanto, y reposa tu final respiro.
Como guardián de cada paso añadido a tu sombra.
Eternamente mirando.
Observando tu validez para un rebaño, constantemente recluído en realidades.
Quizás cuando todo lo anterior falla en algún punto y seguido del relato.
Y se caen los párpados del que escribe sin fructificar en nada sus intentos, comunes intentos de expresar un mundo imaginado.
Cuando parece que todo tiene un sentido estricto de reflexión invasiva, de lógica aplastante, de imposible resolución y nada, nada puede ocurrir para alterar el curso de esta mínima perspectiva obligada por leyes incognoscibles y precarias, marcadoras de esta mente traductora de un vaporoso espejismo.
Cuando uno está apenas dormido y en un estado de lucidez inapresable algo sucede.
Un llanto, venido de un punto intransitable por ninguno.
Un tañido infantil primero.
Despierta el ojo sutil y abismo.
El ojo aguacero, sustituto de nubes y tormentas.
Y se despliega la base entonces de una nueva realidad posible en el barrunto.
O de una imposible realización de algo que precede a la esperanza.

0 comentaris:
Publica un comentari