dimecres, 16 / juliol / 2008

Sobre el escenario próximo.


Imaginad el mundo como un lugar donde el dibujo posible es una estructura de cables y señales.

Imaginad el mundo como una corriente, desde una perspectiva de gota de agua sumida en su chorro.

Imaginad el mundo, imaginad las cosas que lo completan e intentad separarlas ahora del conjunto.

Intentad arrancar cada gran pedazo y de cada gran pedazo, pequeños pedazos cada vez más pequeños, hasta albergar una miga de todo lo anterior en la palma de la mano.

Intentad dividir esta miga, encontrar lo diminuto dentro de su encuentro, buscad incansables, no dejéis de encontrar muchas cosas dentro de las pequeñas cosas esquilmadas.

Sonreid entonces, no obcequéis vuestra mirada concentrada en el ceño y en la ceja, dejad que pasen las imágenes, que no se subleve la bestia adormecida por el intenso empuje de las impresiones.

Abrid el ojo, como la boca del animal más grande en el bostezo más largo, aspirad el mundo a su través, respirad durante un tiempo, una vez tan solo, respirad.

Someteos a un intenso análisis, y dejaros crecer por dentro, expandir los márgenes de vuestra corporeidad formulada en los perímetros.

Estallad, romped la cáscara, extraed de vuestra carne una nueva prolongación del simulacro.

Y vislumbrad en el margen de esta sutil pesadilla, transformada en aparente liberación, como los miembros se os disipan, como las pieles se os caen, y los ojos se os inflingen ciegos e inmóviles, aprehended de esta ficción muchas de las realidades que jamás aprenderéis en lo concreto.

Observaros, indagad, en el entorno que todavía es posible explorar con vuestros caducos sentidos.

Tomad conciencia de algo que no ha sido dispuesto, pero que se ordena infalible en vuestro soporte.

Pues apareceréis sobre la tierra como una plaga, como un ejército de estatuas talladas en madera, como flotantes marionetas de invisibles hilos.

Seréis dispuestos como la gran civilización y la esperanza.

Y yo, el héroe, el que no se presenta, el proscrito, el pagano, el que insulta toda vuestra memoria recientemente revelada.

Yo, el maldito, el que se esconde, el que conoce todos los finales, el que os corrompe, porque sabe seguro cuál es su destino e intenta una y mil veces evitarlo.

Yo, el salvador, yo el misericorde, yo el bravo, caeré junto a vosotros en un profundo sueño y este mundo se volverá maravilla a proteger, lugar donde todo es principio y todo es cuidado.

Yo, el heraldo, el loco, el asimétrico, el excéntrico, me despertaré en un lugar distinto, que amaré hasta mi posible muerte asistida.

Tomaré los cargos necesarios e incluso los caminos más alejados de mi desenlace, solo para que nada se desvele antes de tiempo.

Porque me queda poco para contaros, antes de que todo se renueve.

Despertaremos juntos ante un nuevo jeroglifo que alguien ha descrito al detalle, esbozando su juego, tendiendo las líneas de acción intercambiadas, justificando en la zozobra de la decisión todas las causas que tal vez vuelvan a llevarnos a otra controlada autodestrucción.

Y aunque mi esfuerzo se deba solo al miedo, al terror de tener presente el sacrificio, quiero advertiros, contar una vez más justo antes de que todo caiga y se desplome.

El amanecer como una sombra distinta, como una luz distante que se abalanza sublime sobre la ciudad repleta de rascacielos.

Los vehículos iniciando su movimiento y los relojes encendiéndose todos a la vez.

El hombre del sombrero, que levanta brevemente la vista de su novela, en la cafetería de la esquina de una avenida cualquiera.

Las muchedumbres avanzando a sus trabajos, los noticiarios relatando los primeros sucesos.

Los ruidos como una banda sonora neutral, de fondo.

Y el temblor de algo que vibra en los contornos, imperceptible para la mayoría, enfoca el ojo bajo el sombrero, lo hace casi recordar todo lo que no puede recordarse, mientras se levanta mecánicamente, primero las manos, la cabeza, el tronco, las piernas, dando pequeños y casi ingrávidos saltos llenos de acentos en las articulaciones, como un títere cualquiera, en cualquier teatro bien elaborado de un mundo hecho de cartones.

3 comentaris:

Chus ha dit...

Ciertamente sonreí al principio :0)

(a veces eres tan convincente!)

... pero después inevitablemente, quedé enredada, como siempre!!! ;)

Chup chup (¿qué hay de nuevo viejo?)

Balathor ha dit...

Esto sucede cuando tiras de hilos invisibles, que normalmente no sabes hasta que punto se han entrelazado.

Saludos y gracias por pasar.

Como siempre.

bellina ha dit...

¿que cosa fuera,si despues de la perdida de la justicia original no se muriera?su temor,enfrenta a los hombres dichosos,su esperanza entretiene los desdichados contra la maldad...uhmmmmm ji ji!!