dilluns 3 de novembre de 2008

Del núcleo, del enlace y de todo lo próximo.


Hoy quisieras ser diferente, cumplir tu designio, abalanzarte sobre el mundo como una tierna proyección en las auroras.

Como la gota de rocío que se pierde al amanecer, evaporándose sobre el contorno de la tierra.

O absorbida por cualquier animal sediento.

O succionada por una raíz profunda que crece un poco más.

Que alcanza un poco más lejos a otras gotas que calmen la ansiedad de luz de su tallo.

Hablamos de la dudosa relación armónica de sus hojas con el medio.

De su delirio de engrandecerse a costa de los recursos.

De su transformación última en flor, en pulpa y en semilla.

De todos los tránsitos y ninguno de ellos.

De su valor insignificante en la boca del que rumia.

De su inútil tarea alimenticia.

De su posibles sentimientos como ser hecho de vida.

De su soledad como planta.

De su incapaz traslado.

De su inmóvil ausente perspectiva.

De todas sus formas, de todos sus órganos.

De su único recurso de crecer y crecer sobre todo lo que la oculta.

Pero en este rápido movimiento de las letras, de las frases, de su significado oculto, hemos perdido algo.

Hemos hecho desaparecer el primer sentimiento convertido en metáfora.

Ya no caemos en la necesidad de esa gota imaginada, de su trayecto, de su función primera y última.

Pasamos a zonas más grandes, más elaboradas y nos perdemos en su continuidad, en su mecánico funcionamiento, sin observar que sigue siendo básicamente importante, medular, esa apenas gota matinal que se condensa y desaparece con insignificante rapidez.

Pensamos que esto no es demasiado importante.

Que las cosas suceden en un orden necesario.

Con una rigurosidad necesaria.

En un modelo que nos supera y nos observa desde su eternidad previa a nosotros.

Diremos que este juego nos gobierna.

Que el juego hace trampa para mantenernos a la espera.

Para girar una vez más la misma esquina marcada con sangre de Minotauro.

Para caer en la cuenta del error una y otra vez, y una y otra vez en un círculo que se ha vuelto permanente, constante en algún lugar predicho de memoria confusa y estanca.

Y regresa la misma idea, hoy quisieras ser diferente...

Su resonancia es inmensa, indescriptible, precisa.

Su texto corta como escalpelo tu poderosa realidad, para crear una vía de escape.

Una ventana.

Un ojo de buey.

A su través el infinito universo de los posibles y probables.

Enfrente de esta fantasía, tú, como simple observador de tu propio reflejo en el fondo de la herida.

Enfrente de tu sueño, tú, como el soñador, como el vehículo de algo inagotable.

Quisieras saber una sola cosa.

Una necesidad insatisfecha, mezcla de curiosidad invicta y despótico autismo, renace en el pecho, bajo la piel, dentro del adentro de la musculatura, del hueso, del órgano, de los diminutos vasos capilares, dentro incluso de la última de la más pequeña de las células.

Todo esto renace en algún punto que no acabas de ubicar entre todas tus fluctuaciones, imágenes, recursos y rituales.

Quisieras saber ¿Cómo se hace?

¿Cómo se levanta un pie?

¿Cómo se camina?

¿Qué es un pie?

¿Qué forma tiene?

Porque ya no la recuerdas.

Porque quizás jamás tuviste pie.

Y nunca usaste sus dedos, ni el frío te hizo tiritar y buscar su abrigo.

Quizás no exista en ti ninguno de esos recuerdos porque sencillamente nunca los hubo.

Pero te arriesgas a imaginar este pie, este pie como tuyo, como propio, inseparable ni de ti ni de tu experiencia.

Y acto seguido es imposible dejar de imaginar, de pensar, de adjuntar partes con otras partes.

Al descerrajar cajones ocultos.

Al desgarrar las cartas llenas de frases ocultas.

Al olisquear a la manera carroñera dulces manjares ya caducos.

Comienzas a ver, a asumir ciertas cosas.

Como si el letargo ya no fuera a durar demasiado, te desperezas.

No sientes los brazos o sientes tantos que apenas puedes concentrar tu capacidad en uno de ellos.

Y sin embargo.

Algo ruge en el espacio entre tú y tu imagen.

Algo que no quiere acabar de despertar.

Su salto es rápido, certero, oscuro, como un golpe de suerte y de amnesia a la vez.

Si pudieras mirar.

Si pudieras ser otra cosa.

Serías un hombre.

Si pudieras soñar.

Si pudieras pensar otra cosa.

Serías un hombre.

No serías lo que eres.

No ansiarías volver.

Tu vida habría terminado hace mucho, mucho tiempo.

Y sin embargo estás ahí.

Todavía lejos.

Todavía en el principio de un camino que se bifurca exponencialmente.

Por hoy baste.

Hallas de nuevo el reposo.

La tranquilidad de saberte protegido.

Y te sumes en el profundo sueño que nadie puede atravesar.

Quizás no sea importante tras lo anterior nada de lo que pueda decirse.

Pero fue entonces, en algún momento concreto entre el alba y la tarde
que una herramienta en reposo cae de su estantería sin motivo aparente.

Y dos ojos diminutos y fríos se quedan mirando su accidental caída
tras gruesos cristales redondos, casi empañados.

Algo se maquina en el fondo de una mente que vigila.

Algo se despierta allí.

Algo que no puede llegar a describirse, impermeable a las palabras.

Justo cuando algo tremendo comienza a temblar.

Y unas cuantas marionetas sufren la caída desde lo alto de una estantería
partiéndose el cuello al final de su periplo.

Seguramente algún superviviente del desierto cruza a lo lejos y ve extrañado el movimiento de un enorme árbol que parece querer desarraigarse y abandonar su vigía
segundos antes de que una poderosa tormenta de arena se lo trague para siempre
como una brizna molesta en el ojo, en nuestra periférica visión de todo
para amainar tras un instante y ver al mismo superviviente frotándose los párpados,
intentando vislumbrar hacia donde parecen dirigirse aquellos extraños surcos que se pierden en un ya inalcanzable horizonte.

1 comentaris:

bellina ha dit...

uhmmmm!a veces buscamos el modo por el que el espiritu pueda estar en movimiento siempre igual ytranquilo,se sea favorable a si mismo,contemple ,feliz,todo estoy no interrumpa la dicha,sino que permanezca en este placido estado...¿porque,fuera de este transito de tiempo pequeño y caduco,no nos entregamos con todo nuestro ser a aquellas cosas que son inmensamente hermosas?