
Cabello, uña, brazo, diente.
Ojo, cabeza, pierna, pestaña.
Nervio, músculo, tendón.
Hueso, sangre, célula.
Y más abajo todavía.
Entre los intersticios de la vida.
En las uniones más básicas de los elementos.
En el juego del electrón, del átomo y de todas las partículas que no se comprenden.
Como un hervidero.
Como un caldo de cultivo.
Como un patrón que puede superponerse a cualquier magnitud de la realidad y del sueño.
El mundo tejido en una red sobre las redes.
En una concatenación de impulsos y tensiones.
Como un pulsante órgano bullente de encuentros y desencuentros, uniones y separaciones.
Este mundo, su imagen ilusoria, su forma final estricta, sobre un otro mundo gravemente herido de realidad.
Sobre el mundo veritable, otro mundo, otro sueño del mundo, otra longeva y paradisíaca isla para perderse.
Sobre el más bajo instinto, sobre la más oscura premonición, una luz, un juego eterno.
Un ir y venir de las ideas libres.
Un gozoso preámbulo al fin de toda historia.
Un inacabable principio que nunca llega a desentramarse, como entumecido en un peligroso preámbulo.
Como un victorioso resultado lleno de espirales dentro de otras espirales, siempre en descenso.
Como una pérdida, donde uno no recuerda punto de partida o lugar de amarre.
Sobre aguas turbulentas, turbias en su verde intraspasable.
Donde ningún ojo cruza su frontera.
Donde ningún cuerpo se atreve a aventurarse.
Donde todos los miedos son el propio miedo a verse reflejado en este estado de ausencia de dominio.
Donde todo escapa a la voluntad estricta de lo circular, de lo cerrado, de aquello que puede llegar a terminarse.
Donde nadie vuelve ni regresa nadie, porque no hay un punto donde proferirse, donde proclamarse, donde proyectarse hacia otra realidad, porque nada de lo que hay aquí ha sucedido.
Porque no somos nadie los principales organismos de esta corriente que fluye intermitente y constante, justa y precisa, alocada y salvaje.
Porque solo somos cabello, uña, brazo, diente, ojo, cabeza, pierna, pestaña, nervio, músculo, tendón, hueso, sangre, célula.
Porque solo somos un poco más abajo, intersticio, solo el salto entre una y otra función.
Solo la excusa, la energía que conmueve todo el proyecto.
Somos el borde, la frontera, pasajeros de ninguna parte, de ningún vehículo.
Solo la simple ecuación indisoluble, según la cual todo se confirma y todo es durante este minúsculo momento que compartimos.
Pronunciando en el silencioso abasto de la palabra indecible, una última frase, que será la siguiente para un nuevo trayecto y aventura.
1 comentaris:
Genial post, 100% d'acord, pur caos.
Més avall, més dintre, un altra realitat, unida lleugerament per una escala de grisos entre el blanc i el negre. Món de probabbilitats, 100 fils grisos, 40 es trenquen, 60 mantenen la conexió i tot segueix... de forma pareguda, lo igual s'apropa a alló que li es diferent i li pren algo. Conexió, desconexió. Si, No. Fractals redundants e innovació, creació.
Tot tan lo mateix , tan diferent tot i tots jugant.
Esta vegada, nando.
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