
Os habréis dado cuenta.
Últimamente el orden empieza a tomar un protagonismo final en cada apartado de la historia.
Como una sentencia que advierte un retorno.
Quizás es ahí donde radica su temible preámbulo.
Su aviso subconsciente sobre una nueva uniformidad en el discurso.
Su voz sobre nuestras voces narrativas.
Febles abandonos a la invención.
Pérdidas en los blancos apartados donde teatralizamos el juego de palabras.
Donde nos reinventamos junto con el mundo que se narra pero que nunca existe.
Es quizás éste el tiempo justo y el momento exacto.
El punto crucial para desentramar las claves.
El espacio donde se subvierten las leyes y se amoldan a nuestro designio.
Donde las cosas no son más que un ensayo de monemas previamente predispuestos.
Un dibujo casual en las paredes que se pierde al torcer la esquina.
Una primera promesa, un primer esbozo, un signo perpetuo de quimera y fuga.
Las frases se diluyen, se borran, se vuelven rizos invisibles, espirales en un fluido volátil que apenas se forman toman la consistencia de gas, humo y luego aire, que acaba siendo devuelto a lugares imprevisibles, a zonas remotas de una selva tropical o cercanías tan sorprendentes como tus pulmones.
Las frases, se apartan de nosotros, se confunden y se multiplican, anudándose unas en otras, unas sobre otras, en constante orgía endogámica, donde perderse, volverse y regresarse.
Nada las detiene.
Tienen un fin sobre el que nos vinculan, como objetos pasajeros, como herramientas nacidas y educadas, contenedores para las palabras, rebaño de transportes, protectores, defensores de cada una de las letras que las forman.
Esa voz que escuchaste, te advierte de un presente que tendrá lugar.
Un inevitable encuentro donde solo participarás como trasfondo.
Lector de palabras propias jamás tuyas.
Has llegado hasta aquí sin darte cuenta de la gravedad de tus impulsos.
De tu hambruna de lector, emborrachados tus sentidos, enfocados solo a estas líneas.
Y todo ha sucedido ya, antes incluso que este relato.
Mientras el engaño te mantiene despierto, te mantiene en tensa espera, ausente todavía al peligro que ahora adentras en ti mismo.
Cada una de estas voces que guardas se reproduce en ti y se trasladará como una infección parásita, dirigiéndote hacia un resultado, hacia una respuesta que solo tú puedes construir.
Y tu vida tendrá sentido.
Un nuevo sentido trágico.
Como el que queda sepultado en las cosas antiguas, a la espera de un comprador en sus escaparates.
Que solo comprenda el mundo como una sucesión de memoria.
De hermosas memorias en conserva.
Adornos, preciosos adornos para un museo cargado de supercherías.
Pero es hora de terminar el juego, de caer, de romper algunas vidrieras.
De sustituir los fondos por algo real.
O por algo completamente imaginado.
No encuentro significado a esto.
Como no encuentro significado a nada de lo que ha sucedido hasta ahora.
Pero hay lugares que tampoco conozco.
Puntos que jamás visitaré.
Espacios donde no dejaremos huella.
Y sin embargo.
Todo tendrá lugar a pesar nuestro.
Meros transactores de un algo escrito que se perpetúa.
