dijous, 26 / juny / 2008

Sobre la propagación de los hilos.


El precioso artificio de la estructura que cae y se desborda.

Lluvia de componentes dilatados.

Definitivo despojo de una piel caduca.

Mutaciones en las ruinas, que transforman el detritus en manantial de nuevos proyectos adornando los suelos.

Piezas disconformes de un gran puzzle.

Líneas sobre el cemento, bajo los bancos, líneas en el horizonte, en la superficie de todas las cosas.

Líneas que se desprenden de su función de perímetro.

De su rigidez de envoltorio.

Líneas sin luz, de oscuridad permanente, se elevan de los cuerpos, de los conocidos diseños de la realidad más cercana.

Los seres, sus formas, se desdibujan en un sopor de humo y sus colores se diluyen en el aire, como si no fuera esta su última transformación.

Los filamentos se destilan de esta extraña experiencia y recorren el mundo en toda su extensión.

Buscando o sencillamente inducidos por corrientes que nadie todavía comprende o todavía no se atreve a explicar.

Encontraréis interesante saber hacia donde se dirigen todas estas líneas incompletas, recortadas, separadas de su original estado.

El infinito que intentan completar es un diseño primario, una silueta en el horizonte más próximo al principio de la historia.

Cercano al hogar del héroe, en cualquier ciudad llena de espejismos, un árbol reverdece y asume convertirse en un poderoso símbolo.

Quizás es el árbol de siempre, la historia de siempre, que se da la vuelta en el juego de pérdida de cada relato anterior.

Pero no es así, el héroe no será héroe y es más, apenas lucha contra los hilos que surgen de su ropa que se vuelve de polvo y ceniza.

No hay un cuento que narrar, solo la observación milimétrica de la vida, concienzuda, total, absorta, que nos induce a imaginar e imaginar, rotando la pretensión de contar y obligándonos a ser meros espectadores de su mezcolanza.

La única diferencia entre los hombres que a veces se disolvían en las calles oscuras de las urbes y nuestro héroe jamás héroe, es que él no desapareció.

No fue borrado porque su contorno asumiera autonomía y decidiera darse un paseo, largarse, buscando un algo que le punza como el más básico de los instintos.

No ha sido eliminado porque todavía, aun dormido, es héroe, salvador, elegido.

No será catapultado hacia el vacío, pero inevitablemente forma parte de la cadena de montaje que ha vuelto a ponerse en marcha.

Algo perpetuo no quiere dejar de funcionar en el resto de lugares donde nosotros hallemos el reposo de la mirada tranquila, del paraje inalterado, de la forma finísima de los detalles que nos ofrendan con una visión irrecuperable de un momento.

Un martilleo de fondo.

Un repiqueteo constante.

Una cantinela, un tarareo.

Y un árbol que florece por primera vez en milenios.

Son las últimas imágenes que guarda de su último sueño consciente.