
Quizás hace demasiado tiempo, demasiado tiempo que el tiempo parece no acabarse.
Quizás es esta necesidad de decir que, insensata, ha especulado con la vida creyendo que en un punto todo iba a acabar demasiado pronto.
Quizás es que el sueño se ha roto, la edad ha marchitado el tenso espasmo de aquel que narra, relativizando la realidad y la falsedad.
Este dibujo de este mundo concreto ya no se parece en nada a su boceto.
Esta pintura acabada de este cuento ya no obedece al relato.
Otra cosa se esconde entre las espirales concretas de un humo ficticio.
En esas espirales mismo que se formulan justo antes de desaparecer.
Uno cree que todo termina entonces allí, que el aire es sinónimo de desaparición, de entropía.
Pero no, no es tan dramático todo, ni hay un corte perfecto para el antes y el después.
No.
Solo existe la fábula. El cuento. La narración como un continuo que no se desgasta todavía y que pretende la sorpresa, saltando de concepto a concepto, de anécdota en anécdota, superando incluso a todos sus protagonistas.
Es así como comienza hoy de nuevo la voz a decirse, a contarse a si misma, y después, cuando cansada del hartazgo de regocijarse en su eco, cuenta una vez más, la historia infinita, el cuento inacabado de este universo que se descompone.
El crujir de las pequeñas piedras, guijarros y arena que choca y se cuartea, sus pequeños componentes manifestados, se apelmazan como un manto, se convierten en la piel, el suelo primitivo de un espacio vacío.
Se preparan tomando la forma sólida de un islote en mitad del universo.
Sobre su superficie, nada. Solo el viento casual. La luz de un astro cercano. Polvo.
Y unas cuantas hebras de algo verde que despunta.
Un poco más tarde. Pero no en el sentido que todos estáis acostumbrados, no. Imaginad esta magnitud como medida en la cabeza de alguien eterno. "Un poco más tarde" podrían ser muchos más "un poco más tardes" de lo que habitualmente se contienen en "un poco más tarde" si esta fuera nuestra unidad de tiempo general.
(Creo que no ha quedado muy claro, pero bien, sigamos)
Un poco más tarde algo se dibuja bajo la jungla espesa que flota en el islote que vaga a la deriva.
Y un poco más tarde, la jungla ya no es jungla, es un desierto cuyas arenas se precipitan al infinito en cascada.
Y un poco más tarde, más tarde, se puede adivinar levemente una figura pulida por el viento, como una costra de arena.
Una figura de niño, por anticipar algo familiar con respecto a lo que va a suceder.
Una forma conocida, no importa si eres hombre u otro ser capaz de leer este relato, esa forma te sería conocida nada más verla.
La estatua de un niño de arena, hombre, u otra cosa.
Como un cascarón en mitad de aquel espacio, quebrándose en silencio, esparciéndose sus grietas calladas.
Algo que viene hacia nuestra imaginación desde muy lejos,
desde todo este tiempo antes de ahora
donde parece terminar y comenzar su nuevo viaje.
0 comentaris:
Publica un comentari