
Cada cuento comienza con un hilo que se enhebra desde lo profundo y se expulsa, en la exhalación de las palabras.
Cada historia comienza como un cuento, con una narrativa difusa, como un contorno difuminado que se va congestionando.
Cada verdad se explica, con su correspondiente ejemplo, como única y sola verdad.
Cada hombre permanece exento de respuestas durante toda su vida hasta el final.
Este principio de las cosas iba implícito en el reverso de todas ellas, como una marca de fábrica ineludible,
una formulación de su caducidad presente, constante, eterna.
A pesar de que todo lo anterior parezca olvidado, a pesar que todo el erial del mundo predecesor sea tan solo arrabal y desgana, desproporcionada acumulación de deshechos.
A pesar que todo lo próximo no tenga lugar más que desde este sustrato maltrecho y hediondo.
Su cuerpo conmovido retumba bajo todas las fuerzas conscientes de su nacimiento.
El universo parece guiñar su efímero ojo y devastar todo contorno.
Asistir a semejante acontecimiento no es opcional, forma parte de una condición irrepetible de aquello que pretende existir tan a pesar nuestro.
Despertar en el centro de aquel concentrado de arenas; escupiendo, para poder respirar, una mezcla multicolor de sustratos que se desprenden de él, de su prominencia.
Como un reloj de arena humano que tiene prisa por gastar su tiempo.
Tose. Medio ahogándose, grita.
Su cuerpo se recompone por momentos mientras el vendaval comienza y le arranca los pedazos de arena solidificada, como una piel de reptil que debe mudarse.
Sus ojos aparecen como un brillo incandescente bajo el viento plagado de polvo.
Ante él, que todavía no discierne, que todavía no ha recuperado su esencia como ser, tres dibujos oscuros.
Tres ocasiones para conocer la sombra, desde donde ascuas tenues le observan, como acertados escultores recalculando sus golpes sobre la estatua, tres voces pronuncian sonidos que entre la tormenta parecen ligados a la desesperación.
Tres sombras o figuras o espejismos, se sitúan a su alrededor, entonando el canto que no recuerda.
Tres esbozos de sombra, tres carcomidas telas raídas en lo profundo, danzan a su alrededor.
Y sus dedos le apuntan, sus manos le arañan, sus voces lo adormecen.
No sabe qué se despierta entonces, gritos venidos de un lugar que desconoce amplían su eco en su cabeza.
Solo entiende que debe andar, que debe desprenderse del pesado palpito que va durmiendo su afán.
Cierra los puños, aun a pesar del cuerpo pequeño, su determinación le confiere fuerzas que no entiende, y camina un paso tras otro mientras el círculo se rompe.
Quien explica entonces que el desierto se abre, como una puerta que muestra más allá de la tormenta un lugar donde luces titilantes parecen casi desvanecerse por la ventisca?
Quien es capaz de acometer el relato de un héroe que regresa a un mundo transmutado?
A un mundo que se volatiliza un instante y regresa, cargado de incertidumbre.
Quien os cuenta a vosotros que las sombras azotan su cuerpo, abriendo heridas y bebiendo el fluido viscoso que de ellas emana?
Yo personalmente desisto, cuando él lanza su cuerpo hacia el hueco y a pesar de los anzuelos que en su carne se clavan, decide huir, volver a donde no recuerda.
Y sin embargo no sabe y sabe perfectamente a ciencia cierta, que por fin a dado comienzo este relato.
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